No he vuelto a fumar

Soy una mujer de 58 años  y voy a contar ni historia de fumadora. Hace años las familias estaban estructuradas de diferente manera: los abuelos vivían en casa con alguno de sus hijos. En mi caso mis abuelos vivían con mis padres. Tanto mi padre como mi abuelo eran fumadores. Mi padre de DUCADOS y mi abuelo CELTAS CORTOS. Mis padres tenían una casa  fuera de Barcelona y los domingos (antes los sábados se trabajaba) y cuando se acababa el cole íbamos a la casa a pasar el verano con los abuelos y la madre. Mi abuelo se quedó ciego como consecuencia de glaucoma y, por tanto, era casi imposible que saliera de casa para poder comprar su tabaco por lo que nos llamaba a mi primo y a mi (ambos de la misma edad) para que fuéramos a una tienda del pueblo a comprar el tabaco.Cuando se lo dábamos y como recompensa nos daba un celtas corto a cada uno.

Era todo un ritual el que montábamos mi primo y yo para poder irnos de casa para que no nos vieran fumando. Primero se iba él con la bici y al rato me iba yo. Quedábamos en un terreno que no estaba edificado y que había vegetación sobre todo una planta que en casa llamaban “matalauva” y que olía como a anís.Total, recuerdo perfectamente que el primer cigarro que me fumé no me gustó nada,  me dio tos y arcadas pero me lo fumé entero. ¡¡¡ qué mayor, ya fumaba¡¡¡¡

Cuando acabábamos nos frotábamos las manos con romero o matalauva para que no oliéramos a tabaco.Los sábados nos daban permiso para ir un rato al pueblo y nos daban dinero para comprar pipas. Por supuesto no comprábamos pipas, comprábamos unas cajetillas que llevaban tres o cuatro cigarros. Nos íbamos a un parque y como no nos llegaba el dinero para el tabaco y las cerillas, pues esperábamos que alguien pasara por allí, y tirara la colilla. Inmediatamente la cogíamos y encendíamos nuestros cigarros. Así pasábamos el verano, cuando tocaba ir de nuevo al cole la cosa iba mal, teníamos el colegio muy cerca y alguien nos podría ver y delatarnos. Teníamos que esperar al domingo y pedirle al abuelo el tabaco. Él se reía entre dientes  pero al final nos los daba…

Así fui trampeando hasta que empecé a trabajar a los 17 años de 7,30 a 15 horas y de 16h a 20h a la Academia para seguir estudiando. Mis padres ya me daban dinero para mis gastos y yo ya iba sola y lejos de casa por lo que ya podía fumar. Al principio me daba vergüenza fumar por la calle porque no había muchas chicas de mi edad (ni de más edad) que fumaran porque soy muy vergonzosa, pero al final puede más el deseo de fumar que el apuro que pasas. Me gustaba fumar. Un día madre me dijo que olía a tabaco y me preguntó a bocajarro si fumaba. Yo le dije que no, pero creo que no se lo creyó. Sólo me dijo que recordara que a mi padre lo tuvieron que operar del duodeno y el cirujano le dijo que una de las causas había sido el tabaco. Por supuesto mi padre dejó de fumar y nunca más fumó.

Cuando ya empecé la facultad ya mi madre me había pillado fumando por la calle por tanto ya no era necesario esconderme, fumaba en casa a pesar de que se enfadaba muchísimo porque la casa olía a tabaco. He sido siempre una persona  depresiva y el cigarro siempre ha sido mi amigo, mi consuelo, con ello quiero decir que en mis momentos malos, nervios por exámenes, agobio de trabajo, etc es cuando más fumaba. En el trabajo era horroroso, llegaba al extremo de encender un cigarro con la colilla del otro. He sido una fumadora compulsiva. A veces tenía la sensación de que no me cabía más humo. Mis resfriados en invierno eran horribles, la tos me avergonzaba hasta el extremo de salir del transporte público de pura vergüenza, pero yo seguía fumando.

Con 28 años tuve un problema que requirió hospitalización. Yo me escondía en las escaleras de incendios (era el Hospital Maternal de Valle Hebron) y allí fumaba, me pillaron pero entonces me iba a las escaleras de bajada. Cuando me operaron de Tiroides sólo estuve dos días sin fumar (viernes y sábado), el domingo cuando me dieron el alta, fue lo primero que hice. Me mareé pero me lo fumé enterito. En el año 2011 me detectaron un cáncer de colon y un nódulo en el pulmón. Me operaron (gracias a Dios sólo estuve una semana en el Hospital) y al salir también fue lo primero que hice, encender un cigarro, echaba de menos a mi amigo, lo había pasado muy mal y lo necesitaba. Incluso cuando me dieron la quimioterapia no dejé de fumar. La oncóloga me decía que los marcadores tumorales salían elevados, que debería plantearme dejar de fumar.

El sentimiento de culpa no me dejaba vivir, me despertaba y me levantaba de madrugada para fumar, me odiaba, apagaba el cigarro, me acostaba, no podía dormir, me volvía a levantar y encendía otro y así noche a noche. Cuando terminé con la quimioterapia la oncóloga me derivó a neumología para valorar el tumor pulmonar. Cuando me visitó el Dr. Bravo, nada más sentarme y leer mi historial médico me dijo las palabras que para mi fueron el detonante para dejar el tabaco: NO ENTIENDO COMO CON LO QUE HAS PASADO, SIGAS FUMANDO.

Yo me derrumbé, me puse a llorar y le dije por favor que me ayudara. El Dr. intentó calmarme y me dijo que no me preocupara que él me buscaría ayuda. Me hizo las pruebas pulmonares que consideró oportunas y creo que no pasó ni una semana cuando me llamaron de la Escuela de Enfermería – Unidad de tabaquismo. Ante lo que se me avecinaba – el periodo de abstinencia- fumé y mucho. Cuando la enfermera me hizo el cuestionario la verdad es que en todas las respuestas me encontraba al máximo de dependencia y mi autoestima por los suelos. La enfermera me animó, me consoló, tú puedes, yo he podido y también era una gran fumadora……. La verdad es que te hacen sentir un poco menos mala y te dan esperanzas de que “ a lo mejor tú también puedes”. Cuando pasé a la consulta del Dr. Sánchez, a pesar de su seriedad, me habló, me habló, me habló…..¡ vamos a intentarlo¡ me dijo. Nada perdemos. Me dijo que no tuviera tabaco en casa y que, en mi caso mi marido fuma, no fumara dentro de la casa. Me recetó una medicación y me citó para la semana siguiente.He llorado mucho , aunque hace ya dos años que lo dejé me sigue gustando su olor, recuerdo su sabor, intento considerarlo mi enemigo, pero todavía no puedo porque sigo echándolo de menos.Recuerdo un domingo que iba al colegio electoral con mi marido para votar, delante iba un chico fumando. Cuando ya iba a entrar tiró al suelo el cigarro medio consumido, inconscientemente me agachaba a cogerlo y mi marido me estiró del brazo diciéndome ¿qué haces? Lloré.

La primera semana no lo conseguí porque me guardé un paquete de tabaco en casa. Sólo me fumé, no recuerdo bien, pero creo que fueron unos 10 cigarrillos (se me ha olvidado decir que me fumaba 3 paquetes al día). El día de la visita iba desanimada, pero ya de entrada la enfermera que te controla (peso, tensión, etc) te intenta calmar diciéndote que no pasa nada, que lo lograré, etc. Lo mismo pasó cuando entré a la visita del Dr. nada de enfados ni de broncas, antes bien al contrario muchísimos ánimos. La semana siguiente tampoco me desembaracé totalmente de todos los cigarros de casa. Me dejé 6 que son los que me fumé. Cuando llegué a casa le dí a mi marido un paquete que tenía escondido para urgencias. Y ya NO HE VUELTO A FUMAR. Me gustaría que esta historia sirviera para darle importancia a las UNIDADES DE PREVENCION Y CONTROL DEL TABAQUISMO. Yo he tenido la gran suerte de contactar con el Dr. Sánchez – excelente profesional-, con su enfermera, cariñosa y amable (sobre todo recuerdo su última frase “ Mª ANTONIA TÚ YA ERES UNA MUJER 10”).

A pesar de que lo he pasado, lo paso y lo pasaré mal porque sé que siempre seré una fumadora en potencia, es muy importante para mí contar con la ayuda de profesionales que van más allá de una relación médico/paciente, en mi caso el Dr. Sánchez es mi ángel de la guarda y del que me acuerdo cada vez que tengo necesidad de fumarme un cigarrillo. Han pasado en estos años circunstancias difíciles en la familia (muerte, enfermedad, etc) pero me he mantenido fuerte y he pensado en lo mucho que me ha costado, lo mal que lo he pasado y que no quiero volver a pasar de nuevo por eso. También se pasa especialmente mal en los momentos buenos: en los periodos de vacaciones, relajados, la playa, los paseos por la playa, las copas, el café de la mañana, el de después de comer….

Sé que si algún día doy una calada a un cigarro irremediablemente caeré, por eso mi mayor deseo es mantenerme firme en la decisión que, aunque no tomé libremente, sino que me obligaron las circunstancias, de no volver a fumar.

Es importante para mí, el saber que si – Dios no lo quiera – algún día recaigo, siempre tendré las puertas abiertas de la consulta y me volverían a animar y a ayudar como lo hicieron en su día y lo siguen haciendo hasta ahora. Quiero que quede muy claro que el motivo que me ha obligado a dejar de fumar ha sido el horror a morirme o a ser una persona dependiente de una botella de oxigeno, miedo a quedarme recluida en la casa….. EL MIEDO A LA MUERTE Y A LA ENFERMEDAD INVALIDANTE. Los mensajes e imágenes de las cajetillas no tienen o no tenían, al menos para mí, ningún valor. No me afectaba ni me llegaba el mensaje. En mi caso sólo el cáncer y el miedo han sido los causantes.

Muchas gracias Dr. Sánchez, muchas gracias Dra. Elez, muchas gracias Dr. Bravo y muchas gracias a todo el personal de enfermería.

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